viernes, 5 de julio de 2013

Lon Sheng y la Caza mallor

Lon-Sheng cumplía con su rutina diaria, cuando vio, por arriba de un árbol, un elemento que aparecía poco a poco: un cilindro plateado del cual salió un ser muy pequeño y con una gran capacidad craneana. Esto fue lo que más le asombró, por más que caminaba erguido, tenía brazos y las estructuras unidas a ellos. Estas eran una especie de patas pero con cinco dedos. Para ese entonces, era la primera vez que Lon-Sheng veía esa especie de dinosaurio.
     Él se llamaba Hornby y era un humano que venía del futuro, un futuro muy lejano. Todo esto lo averiguó Lon-Sheng mientras escuchaba mentalmente la conversación telepática entre el hombre y un saurio, amigo suyo. Lon-Sheng se ocultaba detrás del árbol donde había visto a la máquina del tiempo llegar. Luego salió de su escondite, una vez comprobada la confianza entre los dinosaurios y el humano, Hornby. Se acercó a él con interés.
     Mantuvieron una charla sensata hasta que Lon-Sheng le hizo una pregunta: “¿Te podría hacer una biopsia para saber más sobre tu cerebro?”. En ese momento, Hornby se echó a correr, entró en su máquina y se volvió a su tiempo.


     De allí en más Lon-Sheng siempre esperó a un ser como Hornby. Sin embargo, 100 años después, la búsqueda tomó otro rumbo. Ahora Lon-Sheng busca a un organismo como Hornby que también viaja en el tiempo, pero con una cola peluda y su máquina es una esfera blanca con una ventanilla roja y circular.